Cuxtal, una reserva para disfrutar

La ciudad de Mérida tiene una gran diversidad de atractivos dónde pasar un buen fin de semana, ya sea en familia o con los amigos. Más allá de los centros comerciales, los cines o los restaurantes que suelen atiborrarse particularmente los domingos, existen también parques o reservas ecológicas que permiten entrar en contacto con la naturaleza sin dejar de tener un día muy divertido y, en la gran mayoría de los casos, sin grandes gastos económicos.

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La Reserva ecológica Cuxtal se encuentra en los límites geopolíticos del municipio de Mérida apenas a unos 40 minutos, y en el camino se pueden ver varias haciendas ubicadas en las dos comisarías que se deben atravesar antes de llegar a la ex hacienda Dzoyaxché (“Palo delgado verde”), espacio administrado por el municipio de Mérida para la convivencia de las familias que llegan a pasar un buen fin de semana.

La ex hacienda Dzoyaxché concentra, a manera de ejemplo, muchos de los atractivos que son propios de la región: un cenote subterráneo que puede visitarse, un recorrido en truck, las máquinas desfibradoras para el procesamiento del henequén y la capilla católica, todo rodeado por la naturaleza propia de la región idónea para observar aves y toda suerte de fauna local como tejones, venados, iguanas y zarigüeyas, entre otros.

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La Reserva ecológica Cuxtal proviene del maya y significa “Vida”, nombre idóneo porque no es sólo un espacio verde dispuesto para la protección de la flora y la fauna de la región, es una amplia zona que provee el 40% del agua potable a la ciudad.

Si bien en toda la Península de Yucatán no existen ríos superficiales ni montañas que provean de agua dulce, bajo el suelo rocoso existen ríos y lagunas de agua que alimentan a toda la península. Y aunque gran parte del año transcurre sin lluvias, mantener esta zona lo menos intervenida por el hombre permite que no se contaminen los mantos freáticos que abastecen al suministro de agua de la ciudad, de tal forma que la extracción del agua esté lo más libre posible de factores contaminantes.

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Las comisarías que comprenden las 10,757 hectáreas protegidas son dos: Molas y Dzununcán, y en cada comisaría existen otras subcomisarías que son básicamente los núcleos poblacionales que resultaron de los cascos principales de las haciendas henequeneras. Muchas de las haciendas que se pueden ver en esta ruta son hoy hoteles boutique, restaurantes o espacios habilitados para eventos sociales, de tal forma que este circuito es un interesante recorrido por la historia arquitectónica de la región.

Casi todas las haciendas son privadas o están en abandono, pero la hacienda Dzoyaxché es un espacio administrado por el municipio de Mérida que hace las veces de un parque ecoturístico gratuito, ya que no se cobra la entrada y aunque sí existen tarifas por los servicios disponibles, son precios apenas simbólicos que cualquier familia puede cubrir. Los visitantes pueden hacer uso de los siguientes atractivos: un cenote subterráneo, un paseo en truck, renta de bicicletas, dos albercas (para adultos y para niños), palapas, mesas, asadores, andadores ecológicos y baños. También se puede acampar en las áreas verdes con total seguridad y aunque se encuentra bastante retirada de la ciudad, la comunidad que vive en los alrededores es de confianza y se puede regresar a la ciudad en unos 20 minutos.

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Este casco recibe el nombre de San Nicolás Dzoyaxché y es una de las subcomisarías que forman parte de la ruta de haciendas que integran la Reserva ecológica Cuxtal. Data del siglo XVIII y en sus alrededores viven unas 400 familias, la mayoría de las cuales se trasladan hasta Mérida para trabajar, pero también hay familias que se dedican a la agricultura. Se puede apreciar una construcción que aún conserva parte de la maquinaria empleada para el procesamiento de la penca de henequén, el llamado “oro verde”; la antigua chimenea, imagen infaltable en el horizonte yucateco, y uno de los curiosos y escasos trucks, vagones de madera con ruedas de acero halados por una yegua sobre un camino angosto de rieles.

Aquí se puede pasar un muy buen fin de semana en compañía de la familia, disfrutar de la brisa natural bajo los abundantes árboles que en la ciudad comienzan a escasear y, con mucha paciencia, observar aves migratorias que ya no se ven ni en los parques más grandes de los rincones citadinos; por todo lo anterior, Dzoyaxché forma parte de los rincones de Mérida.