Citadinas meridanas

Todas las ciudades encierran en cada rincón una historia, y Mérida no es la excepción.

Las prisas de la vida cotidiana, y también la cotidianidad de pasar por los mismos lugares, convierten esos rincones históricos en objetos comunes, sitios ignorados, semi enterrados, por encima de nuestras miradas, perdidas en el ensimismamiento de nuestros pensamientos o en la enajenación que la tecnología ejerce sobre nuestra atención -basta ver cuántas personas caminan con sus audífonos puestos, aislados del mundo, caminando como autómatas sin rumbo, revisando mensajes que vienen de la nada y en la nada se pierden-, teniéndonos prisioneros y esclavos de sus exigencias de atención continúa.

Este nuevo espacio es una especie de escaparate, un intento de rescatar esos espacios olvidados: olvidados por sus dueños, olvidados por los ciudadanos y olvidados por las autoridades. Poco a poco se irán diluyendo en la vida real, y tal vez este escaparate virtual los mantenga con vida por un tiempo. En todo caso, es un intento divertido mientras camino por las calles del centro de Mérida y descubro esas breves historias que se cuentan en los rincones de lo que alguna vez esta ciudad fue conocida como la Blanca Mérida, un nombre que también se diluye en el tiempo a la luz de la cotidianidad.